Tragicómica campaña

La actual contienda electoral empezó con una tragedia, la de los normalistas de Ayotzinapa, pero termina convertida en comedia del absurdo como consecuencia de la difusión de una conversación telefónica del consejero presidente del Instituto Nacional Electoral, Lorenzo Córdova, quien parecería haber tomado un curso postdoctoral en lenguaje de carreteros.

Lo que cuenta Córdova en su conversación debería provocar indignación. Pero no por el lenguaje grosero ni por la imitación que hace de un personaje que presuntamente finge un acento indígena tomado de los programas del Llanero Solitario, sino por saber que un líder se presentó ante el INE diciendo que es gobernador de todos los indígenas de México y para exigir que se le dieran diputaciones sin someterse al voto pues de lo contrario no permitiría la realización de elecciones.

La difusión de la grabación cumplió con su cometido de desacreditar al presidente del INE. Si bien no han prosperado las propuestas de forzar su renuncia a tres semanas de la votación, no hay duda de que la grabación ha debilitado al funcionario. El árbitro electoral ha sido desacreditado.

La campaña de este 2015 ha sido una de las peores que recuerdo. No ha tenido ni propuestas ni ideas. El INE no se ha distinguido en el proceso, es cierto, pero las normas aprobadas por el Congreso en 2007 y 2014 son las responsables de la pobreza del proceso.

Las leyes han circunscrito la campaña a spots de 30 segundos. En vez de la discusión de ideas hemos visto descalificaciones. Las pocas propuestas no son prácticas o financiables. Estamos viendo una campaña de engaños al electorado. Las candidaturas, además, han sido sometidas a cuotas de género. El ciudadano no puede escoger a quien quiere sino a quien las autoridades dicen puede ser candidato.

El INE se ha dedicado a sancionar y a censurar a lo largo de la campaña. Casi no ha habido día en que no se hayan anunciado multas y prohibiciones. Parecería que la campaña, en lugar de ser el momento de debatir sobre los temas o los cuestionamientos a las personalidades o partidos, es la oportunidad para prohibir la discusión.

El día mismo de la votación será poco relevante. El nuevo sistema le ha restado importancia. Los ciudadanos acudirán a cumplir con su papel como siempre, pero votarán por candidatos que no conocen. Un 40 o un 50 por ciento de los electores se mantendrán alejados de las urnas. Simplemente no hay interés en la elección.

Además, las verdaderas decisiones ya no las tomarán los electores. Las nuevas reglas establecen la posibilidad de anular las votaciones si se rebasa el tope de gasto. Esto significa que virtualmente todos los candidatos perdedores denunciarán a los ganadores por haber gastado en exceso. Los resultados finales estarán así en las manos de jueces y magistrados y no de los ciudadanos. A esto hay que añadir los esfuerzos de la sección 22 de la CNTE para impedir las elecciones en Oaxaca y un movimiento que busca que los ciudadanos anulen su voto.

Con una campaña tragicómica como ésta no sorprende que hayan surgido movimientos que cuestionan la existencia misma de la democracia. Pero cuidado. Las organizaciones que buscan impedir el voto en Oaxaca o en otros lugares del país lo hacen no porque realmente estén desencantados con la democracia sino porque quieren imponer a sus incondicionales en los cargos de decisión. No les molesta tanto que los mexicanos voten sino que no voten por sus candidatos.

 

Twitter: @SergioSarmiento

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