Una contienda más cerrada

No deja de ser paradójico. Una elección que empezó con la absoluta indiferencia de la población mexicana se ha vuelto súbitamente intensa y cerrada. El interés que hoy muestran los ciudadanos por los comicios del próximo 1 de julio es enorme, si lo comparamos con la apatía que se registraba hace apenas unas semanas.

 Este cambio no debe sorprender. La precampaña y el inicio de la campaña fueron dominadas por una abrumadora avalancha de spots de 30 segundos, los cuales fueron incapaces de generar entusiasmo en el proceso o en los candidatos y no permitieron una discusión de los temas de fondo del país.

El desencanto durante toda la primera parte del proceso fue notable. Poco importó que el número de spots haya aumentado de 700 mil en la campaña de 2006, a más de 44 millones en la de 2012. Por el contrario, estos spots saturaron a la población y se convirtieron en un simple y molesto ruido ambiental, que poco o nada les decía a los electores sobre los asuntos importantes.

Las cosas comenzaron a cambiar, pero no por los spots. Un movimiento estudiantil surgido se convirtió en un fuerte catalizador de la adormilada campaña. El #Yosoy132 provocó una amplia discusión sobre las propuestas y la metodología de las encuestas. Este debate coincidió con los dos debates presidenciales y con la presentación de los candidatos en diversos programas de televisión.

Las redes sociales han tenido también una influencia mucho mayor de la que se pensaba posible.

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Hoy la contienda se ha cerrado. La candidata del PAN, Josefina Vázquez Mota, se ha quedado estancada; pero Andrés Manuel López Obrador, del Movimiento Progresista, ha subido en todas las mediciones y se ha convertido en un rival significativo para el priista Enrique Peña Nieto.

Todo parece indicar que la elección será bastante más cerrada de lo que se había pensando en un principio. Y esto seguramente generará una mayor participación de los ciudadanos.

Lo interesante es que todo el interés en la campaña ha surgido no por los 44 millones de spots, sino de mecanismos que los diputados y senadores que impulsaron la ley electoral de 2007 ni siquiera imaginaron. De poco o nada sirvió la confiscación de 48 minutos diarios de radio y TV para la avalancha de propaganda en forma de spots. Este ha sido uno de los desperdicios más importantes de valioso tiempo de medios en la historia no sólo de México sino del mundo.

En cambio, los tiempos libres de transmisión de radio y televisión, los medios impresos, la participación directa de los ciudadanos en movimientos organizados o espontáneos, y sobre todo las redes sociales, han recuperado el dinamismo del proceso electoral. Cuando llegue el momento de rehacer la legislación electoral, como se ha hecho cada vez después de una votación, será importante eliminar los spots y buscar mejores formas de que los candidatos y los partidos comuniquen sus puntos de vista.

 
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