Corrupción e inseguridad

Dos son los temas fundamentales de esta campaña, que todavía no es campaña formal pero que no se distingue de una campaña. Se trata de la corrupción y la inseguridad. Incluso el tema económico, que debería ser el cimiento de todos los demás esfuerzos de gobierno, ha pasado a un segundo plano. Si vemos las declaraciones de los precandidatos y las discusiones en medios y redes sociales, nos daremos cuenta que la inseguridad y la corrupción han ocupado el centro de la atención política.

 

La seguridad ha sido el gran fracaso no de uno sino de dos gobiernos consecutivos. El sexenio de Vicente Fox registró un descenso en los índices de criminalidad y en particular en el de homicidios. Al inicio del gobierno de Felipe Calderón, sin embargo, se dispararon los delitos y los homicidios. Después de una pausa al final del sexenio y el inicio del gobierno de Enrique Peña Nieto, los índices se han vuelto a elevar hasta alcanzar niveles récord para las últimas décadas.

La corrupción fue aceptada durante mucho tiempo en nuestro país como una realidad inevitable, como el “aceite” que lubricaba la maquinaria burocrática y permitía lograr cosas. Pero la visión del costo social de la corrupción se ha agravado de manera radical. La sociedad mexicana se ha sentido lastimada por casos como el del ex gobernador de Veracruz Javier Duarte. Parecería que los mexicanos estaban dispuestos a aceptar un determinado nivel de corrupción, pero los excesos de la clase política mexicana colmaron su paciencia.

No hay ninguna certeza de que los candidatos a la Presidencia de la República vayan a poder resolver estos problemas. José Antonio Meade ha sido un funcionario de impecable reputación de honestidad personal tanto en gobiernos del PAN como del PRI; pero al ser hoy candidato del PRI, un partido con reputación de corrupción, sus esfuerzos se han visto cuestionados. Ricardo Anaya del PAN se ha distinguido por descalificar a todos los políticos, incluidos los ex presidentes panistas, pero no tiene ninguna experiencia práctica en cargos importantes. Su experiencia en la administración pública se limita a haber sido secretario particular del gobernador de Querétaro y durante breve tiempo subsecretario de energía de Felipe Calderón, presidente que hoy critica.

Andrés Manuel López Obrador ha presentado a un presunto equipo de trabajo para combatir la inseguridad. El presunto secretario de seguridad pública sería Alfonso Durazo, quien no tiene ninguna experiencia en esta especialidad. Las propuestas de solución del tabasqueño, por otra parte, han sido muy criticadas, en particular la idea de que podría ofrecer una amnistía a los criminales. Lo que no le ha faltado a López Obrador es, por supuesto, confianza en sí mismo. En solo tres años, ha declarado, resolvería la guerra contra el narco y su violencia. El problema de la corrupción no tendría que esperar tanto: en el momento mismo de asumir la Presidencia, la corrupción sería una cosa del pasado.

Son tiempos políticos, es cierto, a pesar de que las autoridades electorales nos digan que no han empezado las campañas. Pero como siempre en tiempos de campaña, la principal víctima es la verdad. La corrupción y la inseguridad son una excusa para lograr votos, cuando deberían ser problemas para resolver con buenas políticas públicas.

 

Twitter: @SergioSarmiento

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