Cambio de paradigma

Este pasado mes de junio cientos de taxistas en Francia bloquearon calles y carreteras y agredieron a conductores y pasajeros de autos Uber. El gobierno francés cedió a la presión estableciendo sanciones drásticas, incluyendo la confiscación de los vehículos, a los Uber Pop, el servicio más barato de la empresa. Los servicios más caros no fueron afectados.

En la ciudad de México hubo también protestas y bloqueos de taxistas en mayo y junio en protesta por Uber. La demanda de los líderes de los taxistas era que se prohibiera el servicio, pero el gobierno capitalino se negó a hacerlo. De hecho, estableció un debate digital en el que se presentaron distintos puntos de vista. A su vez la Comisión Federal de Competencia emitió una recomendación a los gobiernos municipales y estatales pidiendo acepten el funcionamiento de los servicios de alquiler de vehículos con chofer a través de dispositivos electrónicos como es el caso de Uber y Cabify.

De alguna manera se puede entender la resistencia de los taxistas y sobre todo de sus líderes. Un negocio formado sobre la base de concesiones gubernamentales, con tarifas reguladas y sin interacción con los clientes, no tiene posibilidades de competir con una tecnología como la de Uber. La razón por la que los líderes exigen la prohibición de Uber es porque saben que los clientes preferirán de manera ineludible este servicio, el cual es siempre de mejor calidad y muchas veces más barato. La prohibición gubernamental es siempre la opción de quien no puede competir.

La incapacidad de los taxis para competir no es una cuestión de circunstancia sino de fondo. La tecnología de Uber implica un cambio de paradigma. El sistema no es una mejora sobre lo ya existente sino una nueva manera de realizar una actividad. El servicio de taxis se basa en el sistema de transporte individualizado que existía desde el siglo XIX para el transporte de personas en carrozas.

La autoridad interviene en este transporte para supuestamente garantizar la seguridad del pasajero y un precio justo, Pero con el paso del tiempo la burocracia se convierte en un fin en sí mismo. Su objetivo es generar ganancias extraoficiales a través del control de las concesiones, que en México se manejan por las placas. Por eso las placas del Distrito Federal tienen un costo de entre 60 mil y 95 mil pesos, que se pagan no a la autoridad sin a los concesionarios o a coyotes. Lo peor de todo es que este costo no garantiza ni la seguridad ni el buen estado de los vehículos.

El servicio de Uber resuelve los problemas de seguridad y de calidad sin intervención de ninguna autoridad. Lo hace a través de un sistema de rigurosa selección de los conductores y de una evaluación cotidiana por parte de los usuarios. Uber funciona como un sistema de franquicias en que la principal responsabilidad del franquiciador es asegurar no sólo la calidad sino la uniformidad del servicio. El sistema ha funcionado tan bien que se ha extendido con rapidez en el mundo. Por eso lo quieren prohibir.

No será fácil detener el servicio. Estamos ante un verdadero cambio de paradigma, como el que ocurrió en el siglo XIX cuando las máquinas de vapor remplazaron las hiladoras y tejedoras manuales o como cuando a principios del siglo XX los vehículos de combustión interna empezaron a reemplazar a los carruajes de caballos. De nada sirvieron las protestas de los defensores del pasado. Las máquinas automáticas y los autos de motor han prevalecido. Ésa es una de las características de un cambio de paradigma.

Twitter: @sergiosarmiento

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