El vecino incómodo

La primera vez que llegué a Estados Unidos fue en 1972. Yo tenía 19 años de edad y acababa de concluir la preparatoria. El país fue generoso con ese joven mexicano. Pude trabajar pese a no tener documentación. El dinero que ahorré me permitió viajar después a Inglaterra.

Me sorprendió, por supuesto, la prosperidad de esa tierra, que contrastaba con la pobreza de mi México. Pero también me llamó la atención la libertad: no sólo la económica, que permitía precisamente esa riqueza, sino la política.

Eran los tiempos de la campaña electoral entre Richard Nixon, el entonces presidente republicado, y el demócrata George McGovern, un político de izquierda en el espectro político estadounidense. McGovern criticaba ferozmente las políticas del presidente Nixon y en particular la guerra de Vietnam. Para un joven que venía del México de Luis Echeverría, en que las protestas se acallaban con violencia, era sorprendente ver a alguien cuestionando tan abiertamente a un presidente en funciones. Fue mi primer encuentro con una verdadera democracia.

Quizá por eso siempre he sentido un apego especial hacia los Estados Unidos. No he compartido las críticas que muchos políticos e intelectuales dirigen hacia a vecino del norte al que buscan convertir en villano para ellos seguir aprovechando los despojos del sistema político.

Estados Unidos, que hoy festeja un aniversario de su independencia, es un país con muchos defectos, sin duda, como todos los demás en el mundo. El hecho de que sea la principal potencia militar y económica del mundo lo ha vuelto arrogante. Su ambición de querer ser policía del mundo ha generado enormes problemas a muchos países.

La fortaleza de la Unión Americana, sin embargo, radica en los principios liberales que todavía preserva. Sigue siendo un país en el que es relativamente fácil establecer un negocio y en el que la actividad económica privada, lejos de ser cuestionada y hostigada, es respetada y promovida. Es también un país que tiene un abierto juego democrático, si bien confinado a sólo dos partidos políticos, cuya alternancia ha permitido la corrección de errores de política con el paso del tiempo.

Aunque Estados Unidos es presentado como el villano por muchos activistas políticos en nuestro país, los mexicanos siguen cruzando la frontera de manera legal o ilegal de manera constante. Hay algo de amor y odio en esta relación. La Unión Americana aparece en las encuestas de opinión al mismo tiempo como el país extranjero admirado y más rechazado de todos. Es el país del que nos quejamos, pero al que vamos a trabajar, a pasear o a realizar compras.

Para los políticos y activistas de izquierda de nuestro país Estados Unidos es acusado de ser la razón de la pobreza de México. Esta afirmación es parte de un discurso político que se fortalece en México en tiempos de la expropiación petrolera, la cual, sin embargo, afectó principalmente a empresas británicas y no estadounidenses, pero además por la llamada teoría de la dependencia que en las décadas de 1960 y 1970 impulsaron algunos grupos intelectuales en Latinoamérica.

Para algunos la cercanía con Estados Unidos es la causa de los problemas en México. Citan con frecuencia la frase atribuida a Porfirio Díaz: “Pobre de México, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos.” Quizá no conocen la versión israelí de esta misma frase: “Pobre de Israel. Tan cerca de Dios y tan lejos de los Estados Unidos.”

Twitter: @SergioSarmiento

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