Derecho al voto

Ha llegado el momento de ejercer el voto. No lo haga usted con ligereza. No es un derecho de poca importancia. Es, de hecho, uno de los más relevantes que tenemos, uno que nos tocó siglos lograr.

México no tuvo elecciones democráticas ni en los 100 años del imperio azteca ni en los 300 años de régimen colonial. Tampoco en casi 180 años de régimen republicano. Benito Juárez no llegó al poder de manera democrática. Francisco I. Madero fue electo presidente en 1911, pero sólo con el voto de 19,997 mexicanos de una población de 10 millones de habitantes. A los demás no se les permitía el sufragio. Los votos de Madero fueron, por otra parte, 99.37 por ciento del total emitido. Incluso más que Porfirio Díaz, quien consiguió 98.93 por ciento del voto en 1910. Pero la experiencia nos dice que un resultado así sólo se da en un ambiente en el que no hay democracia.

Los tiempos del partido único no fueron tampoco buenos para la democracia. En 1976 el candidato José López Portillo rompió el récord de Madero y fue electo con 100 por ciento de los votos. Los que se emitieron por otros candidatos, como el que yo ejercí a favor de Valentín Campa del Partido Comunista, simplemente fueron anulados.

A partir de 1977, y bajo el impulso de Jesús Reyes Heroles, empezaron una serie de reformas electorales. En total fueron seis las reformas que permitieron que México viviera por primera vez la prueba de fuego de la democracia, la alternancia de partidos políticos en el poder. En 1997 Cuauhtémoc Cárdenas del PRD fue electo jefe de gobierno de la ciudad de México. En el 2000 Vicente Fox se convirtió en el primer candidato en ocupar la Presidencia de la República desde las filas de la oposición de manera pacífica en la historia del país. México vivía ya en una democracia.

Muchas cosas han cambiado desde entonces. Las reformas electorales del 2007 y el 2014 fueron retrocesos importantes. Hoy tenemos reglas complejas y poco transparentes. La nueva legislación ha limitado el debate político y lo ha restringido a lo que quepa en 30 segundos de un spot de radio o televisión. El IFE fue primero descabezado y después eliminado por los partidos perdedores en los comicios de 2006 y 2012. El nuevo INE se ha convertido en un organismo que se dedica a repartir multas y sanciones. Las reglas se han hecho de tal manera que se garantice virtualmente que los resultados no los decidan los ciudadanos que cuentan los votos en las casillas electorales sino magistrados en tribunales electorales.

En estas circunstancias es quizá comprensible que hayan surgido movimientos que exigen cancelar el voto. Buscan regresar a los tiempos en que los ocupantes de los cargos de representación popular eran impuestos por grupos de poder. Algunos piden regresar a los usos y costumbres. Otros quieren escoger a quienes desempañarán los cargos de responsabilidad sin pasar por las urnas. No aceptan el sufragio libre y secreto como forma de escoger a los funcionarios y legisladores, quizá porque saben que los ciudadanos no votarán por ellos.

No debemos aceptar estas presiones. El voto es un derecho que costó mucho trabajo conseguir. No hay por qué regalárselo a ningún líder político.

 

Twitter: @SergioSarmiento

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