Desigualdad o pobreza

Revista Contenido

Nos han hecho creer que pobreza es desigualdad, que lo mismo da combatir una que la otra. En los panfletos de partidos y activistas políticos los dos conceptos se convierten en sinónimos y su uso se intercambia. Sin embargo, la pobreza y la desigualdad son dos cosas muy distintas. Esto es muy importante de entender porque una cosa es combatir la pobreza y otra la desigualdad. En efecto, con mucha frecuencia las acciones para reducir la pobreza incrementan la desigualdad.

Dice el economista francés Thomas Picketty en El capital en el siglo XXI que la desigualdad se ha incrementado en los países desarrollados en las últimas décadas. Si bien han surgido algunas críticas puntuales a sus datos, en particular del Financial Times de Londres, en general las estadísticas disponibles parecen avalar su posición. Desde la década de 1970 se ha generado en el interior de los países desarrollados un crecimiento de la desigualdad que parece tener distintos orígenes según el país.

 

Pero cuidado porque esto no significa que haya aumentado la pobreza. Los pobres de hoy en Francia, Estados Unidos, Inglaterra o España son más ricos que en los años setenta.

El proceso ha sido mucho más acentuado en China. En los años setenta China era uno de los países más pobres del mundo. Su población pasó hambruna por la destrucción de capacidad productiva de las políticas maoístas. El nivel de vida de la mayoría de los chinos no era muy superior al de la India, Bangladesh o los países de África.

A raíz de la muerte de Mao en 1976, y de la adopción de políticas de mercado por Deng Xiaoping, China ha tenido un despegue espectacular. El país ha logrado el mayor crecimiento económico en la historia con tasas cercanas al 10 por ciento al año acumuladas. Cientos de millones de chinos han salido de la pobreza extrema en este período, la mayor cifra en la historia de la humanidad.

Pero al tiempo que China ha logrado este triunfo enorme frente a la pobreza, la desigualdad ha aumentado de forma extraordinaria. La igualdad de la época maoísta, sólo rota por los altos funcionarios del gobierno y los directivos del Partido Comunista, que recibían un trato especial, ha abierto las puertas a una fuerte desigualdad. Hoy China es el segundo país del mundo en las listas de multimillonarios, solamente detrás de Estados Unidos. En 2005 dos ciudadanos chinos acumulaban fortunas mayores a los mil millones de dólares según la revista Forbes. En 2014 el número ascendió a 168.

Otro ejemplo es Chile. El país cayó en una situación de enorme pobreza en la década de 1970. A principios de los años ochenta se establecieron las bases de un crecimiento sostenido que ha durado, con algunas pausas, hasta este momento. Uno de los resultados fue disminuir la pobreza de 50 a 10 por ciento de la población, pero la desigualdad se incrementó. Hoy la presidenta Michelle Bachelet, quien asumió el poder en marzo de 2014, ha anunciado nuevas políticas, como un aumento de impuestos, para reducir la desigualdad. La gran pregunta es si estas medidas disminuirán la inversión y aumentarán la pobreza.

Cuba y Corea del norte son quizá los países con mayor igualdad en el mundo actual. Al igual que en la China comunista o en la Unión Soviética, solamente los altos funcionarios y los directivos del Partido Comunista tienen un trato especial y viven en condiciones significativamente mejores a las del resto de la población. Pero son también países en que los beneficios de la igualdad se comparten en medio de la pobreza.

Pobreza y desigualdad no son la misma cosa. La pobreza es un mal que una sociedad debe combatir porque humilla a quienes la padecen y destruye sus oportunidades de vida. La desigualdad es un problema de envidia. Significa preocuparse no por lo que tengo sino por lo que tiene mi vecino.

Twitter: @SergioSarmiento

BIGtheme.net Joomla 3.3 Templates