El mejor de los tiempos

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“Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos.” Con esta frase da comienzo Historia de dos ciudades, la magistral novela de Charles Dickens que describe las aspiraciones positivas que dieron lugar a la Revolución Francesa pero también sus aspectos destructivos. No fue ese momento, sin embargo, el único en la historia en que hemos podido hablar simultáneamente del mejor y del peor de los tiempos. Hoy podríamos decir lo mismo.

Quienes ven el vaso medio vacío advierten que el mundo está enfrentando retos sin precedente. Algunos ambientalistas sostienen, por ejemplo, que el calentamiento global generará la mayor catástrofe en la historia. Economistas como Thomas Piketty y Paul Krugman afirman que la desigualdad en los países desarrollados producirá revoluciones.

Otros ven el vaso medio lleno. Académicos como Bjorn Lomborg reconocen que el calentamiento global es un reto real e importante, pero rechazan que pueda significar el desastre más importante de la humanidad. Señalan que la pobreza extrema es un problema mucho más serio, y genera más muertes, particularmente de niños, de las que podría ocasionar el peor caso de calentamiento global. Otros, como Matt Ridley y Angus Deaton, afirman que el desarrollo de países como China y Corea del sur ha rescatado a más personas de la pobreza extrema que cualquier otro esfuerzo en la historia.

 

¿Quién tiene razón? Hasta cierto punto los dos grupos. Nadie está mintiendo. Sin embargo, es justo señalar que a lo largo de la historia los pesimistas han advertido una y otra vez que la humanidad está destinada a un trágico e inmediato fin, y una y otra vez la sociedad ha demostrado una sorprendente capacidad no sólo de sobrevivir sino de prosperar.

Savonarola, el predicador italiano, afirmaba que la relajación moral del Renacimiento habría de traer consigo la condena divina. Su forma de enmendar los hábitos licenciosos de los florentinos era quemarlos vivos en la hoguera. Ese Renacimiento que a él lo inquietaba tanto, terminó por convertirse en un decisivo paso hacia adelante de la humanidad.

El inglés Thomas Malthus afirmó en Ensayo sobre el principio de la población de 1798 que el crecimiento de la población haría que los seres humanos padecieran un hambre generalizada que provocaría guerras sangrientas por el control de los alimentos. En ese entonces la población del planeta era de 900 millones de personas. A Malthus nunca se le ocurrió que la tecnología avanzaría con tal rapidez que permitiría en 2014 producir alimentos para alimentar a 7 mil millones de personas con una abundancia que no se habría soñado en 1798.

Karl Marx afirmó que las condiciones en que vivían los trabajadores de los países desarrollados en 1848 empeorarían hasta producir revoluciones violentas. Nunca imaginó que 150 años después los trabajadores de esos países tendrían un nivel de vida superior al de los ricos de su tiempo.

Las previsiones pesimistas sobre la humanidad han demostrado siempre estar equivocadas. Nunca han tomado en cuenta la capacidad de los seres humanos para ajustarse a problemas y usar nuevas tecnologías. Por supuesto que uno puede llamar más la atención y vender más libros si dice que la humanidad está al borde del colapso, pero como advirtieron Stephen Moore y Julian L. Simon en su libro It’s Getting Better all the Time (Las cosas están mejorando todo el tiempo), que toma su título de una optimista canción de los Beatles, los últimos 100 años han sido los de mayor avance en la historia de la humanidad. Quizá hemos vivido en el mejor de los tiempos, aunque nos quieran convencer de que es el peor de los tiempos.

Twitter: @SergioSarmiento

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