Revolución energética

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Un fantasma recorre el mundo: es el fantasma de la revolución energética. Las consecuencias bien pueden ser más importantes y duraderas que las que previeron Marx y Engels en el siglo XIX en el Manifiesto del Partido Comunista que publicaron en 1848.

Jean Paul Getty, el multimillonario estadounidense, decía a mediados del siglo XX que la fórmula para el éxito era muy sencilla: “levántate temprano, trabaja duro, encuentra petróleo.” El hecho de encontrar un yacimiento era el camino para volverse rico en un tiempo breve. Desde fines del XIX las mayores fortunas del mundo provenían de la industria petrolera. Los emires árabes del medio oriente se convirtieron desde los setenta en el ejemplo más característico de la riqueza inmerecida y del consumo irracional. Yates, aviones privados, grandes palacios y casas con plomería de oro eran algunos de los productos en que los jeques petroleros gastaban el dinero que se acumulaba sin límite en sus arcas.

 

México no pudo evitar pasar por esa misma euforia. En 1976 se encontró un megayacimiento de crudo y gas en aguas someras de la sonda de Campeche. No hubo ni que invertir dinero en exploración. Un pescador, Rudesindo Cantarell, encontró chapopote en las aguas y tuvo que hacer enormes esfuerzos para convencer a los directivos de Pemex de mandar equipos de exploración a la zona. El pescador murió pobre, pero dejó su apellido al depósito de crudo. El entonces presidente José López Portillo, quien pensaba que el país se había sacado la lotería, nos dijo que el gran problema de México en el futuro sería “administrar la abundancia”. La verdad es que con el paso del tiempo quedó claro que incluso una enorme fortuna inmerecida puede generar problemas económicos al detonar un dispendio sin medida.

Si toparse con un yacimiento de petróleo era el equivalente a sacarse la lotería, las cosas empezaron a cambiar de manera gradual. Cada vez se ha hecho más difícil encontrar petróleo fácil, petróleo a flor de tierra, como los yacimientos originales mexicanos del norte de Veracruz y el sur de Tamaulipas, o a flor de mar, como los de aguas someras de la sonda de Campeche. Casi ningún yacimiento permite ya extraer crudo a un costo de 5 o 6 dólares por barril. Ahora una cosa es saber dónde hay petróleo y otra muy distinta decidir qué técnicas se emplearán para extraerlo y cuánto costará el proceso.

Hace algunos años, cuando la declinación de Cantarell se hizo evidente, los técnicos de Pemex consideraron que la producción más importante pasaría a Chicontepec. Y sí está comprobado que estas formaciones rocosas albergan enormes cantidades de hidrocarburos. Pero después de años de inversiones y esfuerzos Chicontepec sólo ha entregado aceite a cuentagotas. Los propios directivos de Pemex saben que es tiempo de abandonar el esfuerzo o de entregarlo a empresas con mayor experiencia y tecnología en la explotación de este tipo de yacimientos.

Una verdadera revolución en energía se registró, sin embargo, a partir de los años ochenta. Las empresas petroleras medianas y pequeñas de Estados Unidos empezaron a desarrollar nuevas tecnologías que permitían extraer petróleo y gas de formaciones rocosas y lugares que en el pasado no habían sido rentables. El fracking, o fractura hidráulica, permitía, por ejemplo, obtener hidrocarburos de estructuras de lutitas, una especie de roca sedimentaria, inyectándoles agua y químicos a alta presión.

Esta revolución se dio en Estados Unidos por una razón importante. En nuestro vecino del norte los dueños de la tierra son también dueños de los recursos del subsuelo. Esto permitió a pequeños propietarios buscar asociaciones con empresas petroleras pequeñas, que fueron desarrollando nuevas tecnologías que se fueron haciendo cada vez más eficientes.

Una empresa gigantesca como Pemex no se interesa usualmente en una producción pequeña. Su ineficiencia es tan alta como sus gastos físicos. Ésta es una de las razones de que Pemex haya tenido un fracaso en Chicontepec donde hubiera sido más sensato tener cientos de pequeñas producciones privadas compitiendo entre sí.

La reforma energética que se está impulsando en nuestro país es bastante limitada. No sólo no les da a los propietarios del suelo derechos sobre el subsuelo, que siguen siendo del gobierno, sino que limita muchos tipos de inversión privada. Es un paso adelante en un país en que los grupos conservadores han mantenido un sistema de producción que imita los patrones soviéticos. Quizá nuestro sistema habría hecho sentir orgullosos a Marx y Engels. Pero es absolutamente incapaz de comprender y aprovechar la revolución energética que está recorriendo el mundo.

Twitter: @SergioSarmiento

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