Calentamiento y catastrofismo

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La Tierra se está calentando. Ésta es una afirmación científica. Quienes la niegan están cerrando los ojos a pruebas científicas irrefutables. Están en la misma categoría de quienes dicen que la Tierra es plana o niegan la evolución.

De esta realidad, sin embargo, ha surgido una especie de religión ambientalista que poco o nada tiene de científica. Es un rechazo dogmático y pesimista al progreso humano, una posición conservadora que puede sumir a la humanidad en una pobreza sin fin y que recuerda el equivocado catastrofismo de Thomas Malthus en el siglo XIX o del Club de Roma en la década de 1960.

Desde principios del siglo XX el aumento de la temperatura del planeta ha sido de 0.8 grados Celsius. Parece poco, pero es considerable. El Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático de las Naciones Unidas ha señalado que la humanidad debe limitar el calentamiento a 2 grados arriba de lo que se registraba antes del inicio del proceso de industrialización. Hemos perdido ya la mitad de la batalla.

La certeza de que el calentamiento es consecuencia de las emisiones de carbono producidas por la actividad humana es casi total. La solución que se ha planteado al problema ha sido, por lo tanto, la de reducirlas. Con el Protocolo de Kioto de 1997, los principales países industrializados se comprometieron a disminuir sus emisiones de los seis principales gases de efecto invernadero entre 6 y 8 por ciento para 2012 sobre los niveles que tenían en 1990. Lejos de producirse una disminución, sin embargo, las emisiones han venido aumentando. Si el alza entre 1970 y el 2000 era de 1.3 por ciento al año, para el período 2000-2010 se alcanzó un ritmo de 2.2 por ciento al año.

El único país desarrollado que ha reducido sus emisiones en la última década es, paradójicamente, Estados Unidos, el único que no ratificó el Protocolo de Kioto. Lo logró reemplazando el carbón en la generación de electricidad por gas natural que se produce con una tecnología de fractura hidráulica rechazada por los grupos ecologistas. De la misma manera, el cierre de reactores nucleares por presiones de ambientalistas ha producido aumentos en las emisiones contaminantes de países como Japón y Alemania.

Los ecologistas radicales piensan que el calentamiento global puede poner fin a la humanidad y que la única manera de detenerlo es parar de manera drástica las actividades económicas. Pero esto generaría un desplome en la producción y un aumento brutal en la pobreza.

Algunos especialistas consideran que la visión catastrofista es exagerada. Richard Tol, profesor de la Universidad de Sussex, en el Reino Unido, señala que el ser humano es muy adaptable y puede sobrevivir en condiciones tan diversas como el Ártico, el desierto o las selvas tropicales. “La idea de que el cambio climático amenaza la existencia de la humanidad es risible” comenta. El Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático afirma que un calentamiento adicional de 2 grados podría ocasionar una caída del producto bruto mundial de entre 0.2 y 2 por ciento para la segunda mitad del siglo XXI. “Medio siglo de cambio climático es tan malo como perder un año de crecimiento económico” según Tol.

Bjorn Lomborg, del Centro de Consenso de Copenhague, señala que estamos asustando al mundo con exageraciones sin sustento. Por supuesto que hay que tomar medidas para reducir la emisión de contaminantes, pero las que frenarían o retrasarían el crecimiento económico tendrían un costo social muchas veces superior al de los peores escenarios del calentamiento global.

El cambio climático es una realidad, pero hay que enfrentarlo con inteligencia. Reducir el crecimiento económico no es la solución.

Twitter: @SergioSarmiento

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