Historias de luz (Revista Escala)

Primera escena:

Un grupo de hombres y mujeres entra a un edificio y toma asiento en una sala cuyas luces se apagan. Un haz de luz se proyecta sobre una pantalla blanca en la que aparecen unos trabajadores a la salida de una fábrica. Se oyen del público expresiones de asombro. En la pantalla surge ahora la imagen de una estación ferroviaria. Un tren se acerca con velocidad hacia los espectadores. Éstos se asustan, se ponen de pie y tratan de hacerse a un lado. No quieren ser aplastados por el tren en blanco y negro que crece en la pantalla.

Cambio a:

Un centenar de personas disfruta de una película en una sala cinematográfica contemporánea. Ríen, lloran y se angustian.

Ver una película es una tradición cultural. Para millones, quedarse en casa a ver la televisión, incluso alguna película, no es suficiente. Salir del hogar, meterse a una sala cinematográfica en compañía de otros y perderse durante un par de horas en una historia, es una experiencia maravillosa. En los años cincuenta y sesenta, muchos especialistas dijeron que la televisión mataría a la industria cinematográfica. Después se dijo que el asesino sería el videocasete o el dvd. La verdad es otra. El cine vive hoy uno de sus mejores momentos.

Corte a:

Nace un niño. En la pantalla se apunta: 19 de octubre de 1862.

Hace 150 años nació en Francia un hombre al que debemos mucho de lo que hoy es el arte de contar historias con luz. Auguste era hijo de un pionero de la fotografía, Claude-Antoine Lumière. Dos años después de su nacimiento, en 1864, nació un hermano, Louis-Jean, quien habría de ser físico y colaboraría con Auguste profesionalmente.

Claude-Antoine se retiró de su trabajo como fotógrafo en 1892. Los hermanos Lumière se hicieron cargo del negocio familiar, pero mostraron un ánimo más innovador. Pronto empezaron a experimentar con la idea de grabar y reproducir fotografías en movimiento. En 1895 patentaron su “cinematógrafo”. Si bien otros técnicos habían desarrollado también sistemas que permitían poner en movimiento imágenes de fotografía, la técnica de estos hermanos terminó por imponerse.

El invento de los Lumière se utilizó el 28 de diciembre de 1895 para la primera función de cine propiamente dicha. Los hermanos mostraron algunas escenas de la vida cotidiana, entre ellas unas imágenes de la salida de un día de actividades de su fábrica de Lyon. La llegada del tren a La Ciotat, que generó temor entre los asistentes, se exhibiría a principios de 1896. No eran precisamente divertidas, pero asombraban al público. Tendrían que venir después creadores como el también francés Georges Méliès para transformar estas fotografías en movimiento en un arte basado en la narración de historias.

Corte a:

Julio de 2012. La nueva cinta de Batman, El caballero de la noche asciende, se estrena simultáneamente en cientos de salas cinematográficas en Estados Unidos. En otros países, como México, se presenta una semana después. Nada más durante el primer fin de semana recauda 162 millones de dólares en la Unión Americana. El trágico incidente de un desquiciado que dispara contra los asistentes en el estreno en Aurora, en las afueras de Denver, no reduce el entusiasmo del público. La película se dirige a paso firme a convertirse en una de las más taquilleras de las que se tenga memoria.

El éxito financiero de la nueva versión de Batman se produce en un tiempo de bonanza para los estudios de Hollywood. Unas semanas antes se exhibe, también con éxito, una nueva versión de El hombre araña que al parecer está en camino de ganar 800 millones de dólares en todo el mundo. Los vengadores, también de 2012, lleva acumulados ingresos por mil 460 millones de dólares hasta el 31 de julio. Juntas, estas tres cintas ayudan a convertir el verano de 2012 en uno de los más rentables en la historia del cine.

Los temores de hace apenas unos años sobre la salud de esta industria han desaparecido. Los productores han encontrado, sin embargo, que necesitan ofrecer producciones cada vez más espectaculares para convencer al público de dejar la comodidad de su hogar. Una buena historia ya no es suficiente. Poco importa, por otra parte, la originalidad. Una secuela o un remake son suficientes para el éxito cuando el resultado es espectacular y la promoción amplia.

Si bien los costos de producción se han disparado, también los rendimientos de las cintas de éxito. La producción de Batman costó 185 millones de dólares, pero se espera que al final genere ingresos superiores a los mil millones. Por encima de las entradas en las salas de exhibición, una buena película sigue produciendo ingresos durante mucho tiempo por las emisiones de televisión, las ventas de dvd o Blue Ray, y las descargas en servicios de internet, como Netflix. Además, obtiene cada vez más dinero por la venta de ropa y artículos promocionales.

Corte a:

Es 2011. En Rosarito, Baja California, se rueda una nueva película, Little Boy, en los Estudios Fox construidos originalmente para la filmación del Titanic de James Cameron. El círculo empieza nuevamente. El proceso de producción de una cinta es largo y complicado. De la idea original y la búsqueda del respaldo financiero se pasa a la negociación de derechos y a la redacción de un guión que debe ser tan detallado que permita al equipo de producción definir las necesidades meses antes del rodaje (“Vamos a necesitar un caballo blanco el día 17 y un delfín amaestrado el 24”). Contratar a los actores es complejo y costoso. Las estrellas obtienen remuneraciones de 20 millones de dólares o más. El diseño de la producción es un trabajo intenso y frustrante que puede durar años y que, en caso de que no se haga la película, no deja ingresos al productor.

Disolvencia a:

Octubre de 2012. Una Francia enamorada de la cinematografía se prepara para rendir homenaje a los hermanos Lumière. Del 15 al 21 de octubre el Festival Lumière de Lyon, la cuna del cine, ofrece una cita a cinéfilos y especialistas del mundo. Los franceses saben muy bien que Hollywood domina el mercado de la cinematografía, al grado de que han promulgado leyes que establecen cuotas de exhibición para las películas francesas, pero están orgullosos de que los inventores del cinematógrafo hayan sido dos compatriotas suyos, Auguste y Louis Lumière.

Corte a:

Música de fondo. Aparece una fotografía de Auguste Lumière. Un subtítulo dice: 19 de octubre de 1862. A 150 años, in memoriam. Fade out. Corren créditos…

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