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 Francisco Martín Moreno
 
 25/07/2007 11:02:22
yaguilar
666 mensajes
1º


Francisco Martín Moreno

México, D. F., 2 de febrero de 2007.

 

 

VERSIÓN ESTENOGRÁFICA DE LA ENTREVISTA CONCEDIDA POR FRANCISCO MARTÍN MORENO, ESCRITOR, AL PERIODISTA SERGIO SARMIENTO, CONDUCTOR DEL PROGRAMA “LA ENTREVISTA CON SARMIENTO”, DE TV AZTECA.

 

 

SERGIO SARMIENTO: Hola amigos, qué tal, sean ustedes bienvenidos a La Entrevista. Hoy está con nosotros Francisco Martín Moreno, él es escritor y acaba de publicar este libro que tengo aquí conmigo, que se llama “México ante dios”.

 

             Todos los mexicanos sabemos que la iglesia católica ha tenido un papel muy importante en nuestra historia, pero yo creo que ni siquiera nos imaginábamos el papel que esta iglesia ha desempeñado en la historia de México, si no hemos leído este libro, “México ante dios”.

 

             Francisco Martín Moreno, quien es autor de muchos libros que usted seguramente conoce, entre ellos “México negro”, “México sediento”, “Las grandes traiciones de México”, “México secreto” y “México mutilado”, acaba de publicar este libro, “México ante dios”, que nos ofrece una visión de la historia de México durante el siglo XIX, una visión en que la iglesia católica tiene un papel protagónico.

 

             Yo quiero agradecerte, Francisco Martín Moreno, el estar con nosotros aquí en La Entrevista. En primer lugar, ¿de dónde surge el tema?, es un tema que parecería un tema de un libro de historia o de una disquisición académica, ¿pero por qué una novela sobre la iglesia católica y sobre el México del siglo XIX?

 

FRANCISCO MARTÍN MORENO: Fíjate, Sergio, que cuando comencé a hacer la investigación de “México negro”, hace 25años, como decía Cervantes, me topé con la iglesia. Pero me di cuenta que en ese momento incluir digamos una serie de hechos históricos muy importantes estaba fuera del contexto de “México negro”, y así me pasó con mis libros subsecuentes. Pero fui archivando la información, la fui guardando, yo sabía que algún día tendría la información suficiente como para hacer un libro. Y  hace tres años, repasando en mis archivos, y releyéndolos, me di cuenta que tenía una información riquísima ya de todo el siglo XIX que bien valía la pena de escribir precisamente esta novela de “México ante dios”.

 

SERGIO SARMIENTO: ¿Por qué en la forma de novela? Yo sé que eres un novelista, que lo tienes dentro del corazón, pero está tan documentada la novela, hay tanta información histórica que uno puede pensar, bueno, ¿y por qué no directamente una historia?

 

FRANCISCO MARTÍN MORENO: Mira, yo lo que quiero es fundamentalmente divulgar la historia de México. Si yo hubiera hecho de “México ante dios” un ensayo de 400 hojas, se hubiera quedado reducido este texto muy probablemente a un grupo especializado de historiadores. Yo no soy historiador, ni me jacto de ello ni nada por el estilo. Entonces dije, si lo que quiero es divulgar la historia tengo que volver a mi trabajo tradicional, que es la novela. A través de la novela yo puedo respetar perfectamente bien el hilo histórico, pero sí, por ejemplo, hacer pasajes románticos, pasajes eróticos, hacer una serie de elucubraciones en relación a cómo se pudo haber dado un acontecimiento histórico que fue válido, inventar personajes para poner en boca de ellos pasajes también que fueron importantes, hechos históricos. Utilizo personajes ficticios para contar hechos reales.

 

SERGIO SARMIENTO: La gente dice, o los intelectuales dicen que en México no se lee. Sin embargo, novelas tuyas como “México negro”, o esta misma “México ante dios”, han tenido un éxito de ventas muy importante. No sé si nos puedas compartir las cifras que tengas hasta ahora de “México ante dios” o las que has tenido con otros de tus libros.

 

FRANCISCO MARTÍN MORENO: Claro, encantado, Sergio. Mira, este “México ante dios” que salió a finales de noviembre precisamente, pues ya llevamos vendidos 120 mil ejemplares.

 

SERGIO SARMIENTO: 120 mil ejemplares, esas son cifras de país desarrollado.

 

FRANCISCO MARTÍN MORENO: Son cifras de país desarrollado y te habla, Sergio, de la gran curiosidad que tienen los lectores de conocer la cara oculta de la historia. La gente sabe que nos han engañado.

 

SERGIO SARMIENTO: Pero también te dice algo muy interesante, es que la gente sí quiere leer, siempre y cuando tenga libros que sienta que le son accesibles, ¿no es así?

 

FRANCISCO MARTÍN MORENO: Entendibles y que además, no sé, que sepas contar la historia sin complicaciones, sin palabras domingueras ni complejas, que tengan que hacer que el lector tenga que en cada página ir a consultar el diccionario, y acabes por hartarlo. Entonces mejor un lenguaje llano, un lenguaje muy nuestro, muy coloquial, muy sabroso. Es cuando creo yo que el mensaje llega. Yo lo que quiero es mandar mi mensaje, no que se quede reducido a un grupo de expertos.

 

SERGIO SARMIENTO: ¿Te puedo preguntar “México negro” cuánto vendió?

 

FRANCISCO MARTÍN MORENO: “México negro” cumple ahora en abril 21 años y estamos ya en 370 mil ejemplares vendidos.

 

SERGIO SARMIENTO: Platícanos ahora de la iglesia católica. Tú presentas una visión muy crítica de la iglesia católica, de hecho la consideras una de las razones del atraso de México en el siglo XIX y también por supuesto en la historia contemporánea. ¿No te parece que has sido muy duro con la iglesia católica?

 

FRANCISCO MARTÍN MORENO: Al contrario, Sergio, creo que fui lo suficientemente claro en mis conceptos, y puedo probarlos, en el libro están las fuentes, para que quien quiera comprobar lo que estoy diciendo lo pueda hacer, en los archivos, en las fuentes primarias, en las fuentes secundarias, en hemerotecas, en librerías de viejo, en bibliotecas, en el Archivo General de la Nación, ahí están las fuentes. Yo creo que sí hice un trabajo medianamente objetivo para dejar en claro cuál fue el papel de la iglesia católica en el siglo XIX, una institución siniestra que impidió que pusiéramos una piedra encima de la otra. Tan pronto la iglesia católica vio amenazados sus privilegios o sus bienes convocó a la guerra. Vemos, por ejemplo, nombres como el de Matías Monteagudo, que fue el padre de la independencia de México.

 

SERGIO SARMIENTO: ¿El padre de la independencia de México, no fue Miguel Hidalgo el padre de la independencia de México?

 

FRANCISCO MARTÍN MORENO: Eso fue lo que nos dijeron en la escuela, pero si te pones a ver que el padre de la independencia de México se levanta en armas en septiembre de 1810, para junio del año siguiente...

 

SERGIO SARMIENTO: Ya está fuera del panorama.

 

FRANCISCO MARTÍN MORENO: Ya lo habían fusilado, y la independencia se consuma hasta 1821, entonces dices, bueno, llevaba diez años de muerto el padre Hidalgo cuando se consuma la independencia. Pero además no olvidemos que el padre Hidalgo en aquella madrugada de 1810 sale y grita, “¡mueran los malos gobiernos, viva Fernando VII!”.

 

SERGIO SARMIENTO: O sea, que no estaba buscando la independencia de México.

 

FRANCISCO MARTÍN MORENO: ¿Cómo vas a suponer que busca la independencia de México cuando grita “viva el rey de España”. Esto no puede ser. Entonces el padre de la independencia es Matías Monteagudo, porque él es el que, dándose cuenta de que se está aplicando finalmente la legislación de Cádiz, que implica en España la pérdida de privilegios y la pérdida de bienes para la iglesia católica española, él se da cuenta que si él no corta con España, esta legislación se va a aplicar también en todas las colonias españolas. Y él dice, nosotros no podemos permitir que la iglesia católica mexicana, o de La Colonia, corra la suerte de la peninsular, rompamos con España, y es cuando inventan a Iturbide. Iturbide es un invento de la iglesia católica, tan fácil como eso.

 

SERGIO SARMIENTO: Después vienen tiempos turbulentos, Iturbide pierde la corona, vemos a Guadalupe Victoria, a Vicente Guerrero, en fin, los distintos dirigentes que habían surgido de la revolución de independencia, ¿qué papel desempeña la iglesia en esos primeros años de forja de la nación mexicana?

 

FRANCISCO MARTÍN MORENO: Son muy importantes, Sergio, porque no nos lo dicen tampoco en la escuela, que en 1835 el clero deroga la Constitución federal de 1824, y no solamente deroga la Constitución del 24, sino derrocan al gobierno de Gómez Farías, y no solamente ello, vemos a una iglesia...

 

SERGIO SARMIENTO: ¿Directamente la iglesia católica?

 

FRANCISCO MARTÍN MORENO: Directamente la iglesia católica, porque no estaba de acuerdo con todas las disposiciones liberales del vicepresidente Gómez Farías, y es cuando van a ver a Santa Anna a Manga de Clavo para pedirle que él, en su carácter de presidente, deponga al presidente en funciones, que era don Valentín Gómez Farías. Entonces derrocan al gobierno de Gómez Farías.

 

SERGIO SARMIENTO: Ahora, ¿no es lógico que alguien defienda sus intereses o que una institución como la iglesia católica defienda sus intereses?

 

FRANCISCO MARTÍN MORENO: Todo tiene un límite, cómo los defiendas. Cuando tú ves, por ejemplo, que en febrero de 1858 el arzobispo Lázaro de la Garza y Ballesteros, en una de las misas, en una homilía, dice: hijos míos, tenéis que salir a matar liberales, porque en la medida en matéis liberales estaréis más cerca de la exoneración total, de la indulgencia plenaria y más cerca del paraíso para vosotros y para quienes se apelliden como vosotros.

 

SERGIO SARMIENTO: No parece haber una gran similitud entre esto y el mensaje de Jesucristo, ¿verdad?

 

FRANCISCO MARTÍN MORENO: Por supuesto que no, yo quisiera imaginarme la cara, ahora que tocas el tema Sergio, imaginarme la cara de Jesucristo si hubiera llegado a bajar a los sótanos de la Santa Inquisición aquí en el centro de la Ciudad de México, atrás de Catedral, donde estaba la sala de tortura de suplicios de la Santa Inquisición, donde torturaban a los fieles, bueno, a los infieles, y donde cometían todo tipo de atropellos, hasta deshuesar a la gente viva, por supuesto, qué cara hubiera hecho Jesús de ver estas torturas indignas.

 

SERGIO SARMIENTO: Viene después de los tiempos de Antonio López de Santa Anna, viene la Guerra de Reforma. Cuéntanos qué ocurre y qué papel desempeña la iglesia.

 

FRANCISCO MARTÍN MORENO: Te diría que, como un breve paréntesis antes que esto, la guerra en contra de Estados Unidos...

 

SERGIO SARMIENTO: La de 47.

 

FRANCISCO MARTÍN MORENO: La de 47. Ahí nos encontramos con una iglesia que pacta con el ejército norteamericano un pacto vergonzoso, ignominioso, en donde decía: el ejército de Estados Unidos –imagínate el pacto- se compromete a respetar el patrimonio y el culto de la iglesia católica mexicana, siempre y cuando la iglesia católica se comprometa a convencer a los feligreses de que atentar en contra de la vida de un soldado norteamericano equivale a la comisión de un pecado mortal que tendrá como consecuencia la excomunión y pasar la eternidad en el infierno. Ahí tienes a la iglesia católica otra vez entregada en los brazos del invasor, un ejército que viene a mutilar a nuestro país.

 

SERGIO SARMIENTO: Y eso que era un ejército formado principalmente por protestantes en aquel entonces.

 

FRANCISCO MARTÍN MORENO: Esa era su preocupación, como eran protestantes, dijeron, estos protestantes que vienen van a acabar con la religión católica, nos van a expropiar nuestros bienes y se va a acabar el predominio católico en México.

 

SERGIO SARMIENTO: Por eso hay ese pacto.

 

FRANCISCO MARTÍN MORENO: Por eso hay ese pacto. La iglesia dice, está bien, si tú te comprometes a no tocar mi patrimonio ni el culto, entonces nosotros nos comprometemos. Por eso la guerra la pierde México también, no solamente por las traiciones de Santa Anna y por la insuficiencia militar, sino la pierde a través del discurso que da el clero católico en los púlpitos a mitad de la guerra. Ahí tienes la rebelión de los polkos, una rebelión que organiza el clero católico cuando Santa Anna está luchando en el norte del país. En ese momento, aprovechando esa coyuntura, es cuando le dan otro golpe de Estado al vicepresidente Gómez Farías.

 

SERGIO SARMIENTO: ¿Fue la Guerra de Reforma el triunfo en contra de la iglesia católica, el triunfo de los liberales realmente, sí hay una disminución de la influencia de la iglesia católica en ese momento?

 

FRANCISCO MARTÍN MORENO: Sí, por supuesto, que pero es interesante que los grandes triunfadores de la guerra, que fueron, como tú bien dices, pues el 95 por ciento del ejército liberal era católico.

 

SERGIO SARMIENTO: Bueno, el propio Benito Juárez era católico.

 

FRANCISCO MARTÍN MORENO: Era católico, y muchos de los liberales mexicanos del siglo XIX la mayoría eran católicos, y el ejército liberal es un ejército católico.

 

SERGIO SARMIENTO: ¿Cómo combinaban este catolicismo personal con su lucha contra la iglesia católica?

 

FRANCISCO MARTÍN MORENO: Sabían dividir muy bien, Sergio. Estos hombres liberales y este ejército liberal mexicano que finalmente derrota al ejército clerical, no conservador, clerical, porque la iglesia financia la Guerra de Reforma sin duda alguna, bueno, ellos sabían distinguir muy bien entre su religión, entre dios, sus deidades, sus creencias espirituales, sabían distinguir muy bien entre eso y lo que era el papel que desempeñaban. El papel que representaban los representantes de dios aquí en la Tierra, sabían que estos representantes se equivocaban, los veían exhibirse con sus lujos, con su poderío, una iglesia que era propietaria del 65 por ciento de propiedad inmobiliaria del país, que tenía cárceles clandestinas, que tenía ejércitos secretos, que tenía sótanos de tortura, que tenía fincas urbanas, fincas rurales, haciendas, ganaderías, y que toda la riqueza la acaparaba la iglesia, porque las utilidades de la iglesia las capitalizaba dentro de la iglesia, sin ningún beneficio social.

 

SERGIO SARMIENTO: Hay quien dice que la Ley de Desamortización de los Bienes Eclesiásticos fue un robo a propiedades de la iglesia, porque finalmente, dicen, mal o bien eran propiedades de la iglesia católica. ¿Qué piensas tú?

 

FRANCISCO MARTÍN MORENO: Por supuesto que no. La Ley de Desamortización de los Bienes del Clero, que suena así muy compleja, no fue sino una instrucción, una orden que da el presidente Comonfort, a través de Miguel Lerdo de Tejada, era la posibilidad que le daban a la iglesia de que vendiera sus bienes a un buen precio, sus haciendas, su patrimonio, sobre todo la parte inmobiliaria, para venderla y que ese patrimonio pasara a manos de la sociedad. La sociedad le compraba, nunca hubo expropiación en esto, simple y sencillamente se daba la posibilidad de vender, y que esos recursos que tuviera por la venta de sus bienes los pudiera utilizar en otras cosas. Pero se negaron también a eso.

 

SERGIO SARMIENTO: O sea, no fue un robo de las propiedades de la iglesia.

 

FRANCISCO MARTÍN MORENO: Nunca, porque les dijeron, la ley no era más que ordenarles a vender sus bienes y que se quedaran con el dinero, pero que los bienes pasaran a manos de la sociedad.

 

SERGIO SARMIENTO: Muchos de esos bienes simple y sencillamente se pasaron a nombre de prestanombres, ¿no es así?

 

FRANCISCO MARTÍN MORENO: Muchos también, sí, y muchos agiotistas también compraron. Y, bueno, lastimaba también a la propiedad indígena, porque fue un error de Lerdo de Tejada en ese caso, Juárez enmienda el error, ya luego no hay ese problema. Pero desde luego que no hay ninguna expropiación. Juárez es el que dicta la expropiación, emite las Leyes de Reforma a mitad de la guerra. La inmensa mayoría de los mexicanos piensa que la guerra de Reforma estalla como consecuencia de la promulgación de las Leyes de Reforma, pero la guerra estalla en enero de 1858, y Juárez emite las Leyes de Reforma en julio de 1859, llevaba ya un año y medio la guerra de Reforma cuando Juárez emite las Leyes de Reforma.

 

SERGIO SARMIENTO: Como una forma de quitarle los recursos a quien estaba financiando al enemigo.

 

FRANCISCO MARTÍN MORENO: Exactamente. Es cuando Juárez dice, si yo expropio los bienes del clero y digo que todos los contratos que firme la iglesia católica con la banca internacional son nulos, entonces ya verán si la banca internacional le va a prestar dinero a la iglesia, a sabiendas de que cuando gane Juárez la guerra va a ignorar esos tratados y va a decir, estos bienes son propiedad del gobierno mexicano, estaban ustedes advertidos y, sin embargo, firmaron contratos. Entonces fue una medida genial de Juárez, y sobre todo de Melchor Ocampo.

 

SERGIO SARMIENTO: Después de la Guerra de Reforma vemos la Intervención Francesa y el Imperio de Maximiliano. Cuéntanos del papel de la iglesia.

 

FRANCISCO MARTÍN MORENO: Los trajo de la mano, Sergio. Cuando la iglesia católica pierde la Guerra de Reforma ante el ejército católico liberal. Entonces dice el clero, nosotros no nos vamos a quedar así, ya nos derrotaron, ahora lo que tenemos que hacer es ir por el primer ejército del mundo, entonces traen al ejército francés, que era de los primeros ejércitos del mundo. Y claro que le ganan a mi general Zaragoza, bueno, él gana la primera batalla, pero después el ejército liberal obviamente pierde, Juárez no tenía recursos ni nada, pero hay que ver la cara de mi general Zaragoza cuando atacan los franceses en el fuerte de Juárez y Loreto, cómo él ve que son franceses los que atacan, pero también mexicanos, que era la parte del ejército conservador, del ejército clerical, que se había aliado con los franceses en contra de México. Entonces ellos son los que traen al ejército francés, el clero y también por supuesto las fuerzas conservadoras y retrógradas del país.

 

SERGIO SARMIENTO: Porfirio Díaz surge del grupo liberal, ¿pero cómo convive él con la iglesia durante sus años de gobierno?

 

FRANCISCO MARTÍN MORENO: Es muy interesante, después de que Juárez, de que Porfirio Díaz vence a las escasas tropas de Maximiliano y lo fusilan, él tiene...

 

SERGIO SARMIENTO: Fusilan a Maximiliano.

 

FRANCISCO MARTÍN MORENO: Fusilan a Maximiliano, él se queda con el orgullo de haber vencido a Maximiliano y de haberlo conducido al Cerro de las Campanas, y después él es el gran liberal que, como todos sabemos después, viene el Plan de la Noria, viene el Plan de Tuxtepec. En el Plan de Tuxtepec finalmente gana, y con la campaña de la no reelección, y se reelige, como todos sabemos, hasta cansarse. Pero vemos las grandes traiciones de Porfirio Díaz, cuando Porfirio Díaz, cuando la mujer se le está muriendo, y se está muriendo de septicemia, efectivamente, y llaman al arzobispo Lázaro de la Garza y Ballesteros, que había sido también el jefe de la regencia con Maximiliano, fue el que trajo también a Maximiliano a México, otra vez la iglesia católica. Bueno, ahí vemos que se está muriendo esta mujer, ella le pide la absolución, no se la puede dar porque Porfirio Díaz había tenido cinco hijos con Delfina, que a su vez era su sobrina, hija de la hermana de Porfirio Díaz, que se llamaba Manuela. Y le dice, no te puedo casar por el problema consanguíneo. Ella lo convence porque se está muriendo, entonces va a ver al presidente y le dice, si quieres que salve a esta mujer te tienes casar con ella finalmente, aunque hayas procreado cinco hijos, vamos a casarte, pero no te puedo casar a menos que abjures de la Constitución de 1857. ¿Por qué voy a abjurar? Porque el Papa Pío IX dijo que aquél que jurara la Constitución de 1857 por ese solo hecho estaba excomulgado, y tú estás excomulgado, y no puedo casar a un político mexicano, por más que seas el Presidente de la República, no te puedo casar porque estás excomulgado. Y vemos a Porfirio Díaz abjurar a la Constitución de 1857, por escrito, Sergio. Y después de ahí hace una serie de pactos vergonzosos con la iglesia, y en la vía de los hechos ya no se aplican las Leyes de Reforma. El gran enterrador del liberalismo mexicano del siglo XIX se llama Porfirio Díaz.

 

SERGIO SARMIENTO: Ahora, este libro no es nada más historia, nos hemos concentrado en la historia, pero es una novela, cuéntanos de la novela, de tus personajes.

 

FRANCISCO MARTÍN MORENO: Hay una historia maravillosa, de un personaje que se llama Valentín Altamirano, que está encerrado en 1891 en una de las mazmorras en San Juan de Ulúa, se está muriendo. Y esa misma noche que él está falleciendo abren la puerta y, como una suerte del destino, meten a un nuevo preso, joven, ahí que se llama Ponciano Prieto. Todos llevan los nombres, como ves, de héroes de la Reforma, y este hombre, Altamirano, le cuenta toda la historia de lo que él había vivido. Claro, le cuenta una historia de amor fascinante, porque una novela histórica que no tiene erotismo, que no tiene romanticismo, que no tiene amor, pasión, pues ya dejó de ser una novela valiosa. Entonces hay una trama amorosa, erótica, muy bonita, muy tierna, doble, porque son dos historias de amor junto con la novela, junto con todo lo que cuenta este viejo moribundo que está en la mazmorra, cuenta su vida. Y también el nuevo preso que acaba de llegar, Ponciano  Prieto, también cuenta su vida, cuenta su experiencia amorosa con su mujer. Y entonces, claro, hay un hilo conductor amoroso, romántico, bonito, una historia de amor intensa, feroz también, al igual que la novela. Yo espero que la parte amorosa también tenga la misma altura, la misma tensión amorosa y erótica que tiene la vida política, diplomática y militar en este libro.

 

SERGIO SARMIENTO: ¿Te sorprende el éxito del libro, 120 mil ejemplares en unas cuantas semanas?, no es usual en México, ¿te esperabas esta acogida a esta novela?

 

FRANCISCO MARTÍN MORENO: Pues te podría decir que sí, pero faltaría a la verdad. Nunca, Sergio. Pensé que iba a ser algo que iba a sorprender, pero nunca con estas dimensiones. Y, claro, me da mucho gusto que el libro haya tenido tanta recepción y tanto gusto por conocer todo ello que la gente tenía curiosidad de saber. La gente no sabía que nos habían mentido, sabía que nos habían mentido, pero no sabían cómo o en qué consistían las mentiras, y aquí están consignadas todas las mentiras, o por lo menos una parte de ellas.

 

SERGIO SARMIENTO: Este es un libro, una novela muy bien investigada, tiene una enorme cantidad de información. ¿Tienes un equipo de investigación que te ayude a preparar por lo menos la parte histórica de estas obras, de este “México ante dios”?

 

FRANCISCO MARTÍN MORENO: No, la verdad no, Sergio, tengo un ayudante, que es valiosísimo, se llama Leonardo Tenorio.

 

SERGIO SARMIENTO: Leonardo Tenorio, parece nombre de novela.

 

FRANCISCO MARTÍN MORENO: Un nombre de novela, sí. Él es un muchacho muy joven, valioso, inteligente, tiene una gran pluma, pero nada más, no tengo a nadie que me ayude, lo hago yo solo. Y, claro, lo que pasa es que tampoco hay un gran presupuesto para la investigación. Por más que se venda el libro pues siempre son muchos años de trabajo en los que tienes que invertir, invertir, y ahora finalmente sí sale pero hay que pagar y pagar. Entonces sí es gratificante, pero no tengo un equipo de trabajo que me ayude, me encantaría tenerlo, la máxima ilusión en mi vida, te la confieso aquí entre tú y yo, es fundar el Instituto Mexicano de la Novela Histórica, y tener los recursos suficientes como para tener diez o quince muchachos o muchachas becarias que cada una o cada uno de ellos escriban una novela histórica, para reescribir toda la historia de México. Esto me encantaría poder hacerlo.

 

SERGIO SARMIENTO: Tu esposa, Beatriz Rivas, es también escritora. ¿Cómo le hacen, se encierran cada quien en su cuarto y se ponen a escribir?

 

FRANCISCO MARTÍN MORENO: Sí, cada quien está en su cuarto, cada quien trabaja en sus temas, ella en los suyos, yo en los míos, y, claro, cuando nos encontramos los oxigenamos, los discutimos, le cuento yo a ella muchas veces, no sé cómo seguir este paso en la novela, porque tus personajes adquieren dignidad y hay veces que tienes que matar un personaje y no sabes cómo matarlo, y si adquiere dignidad pues no puedes permitir que lo mate una mordida de perro rabioso, o que le caiga un ladrillo en la cabeza, tienes que buscar una muerte heroica, digna, estoica, valiente, inteligente. Entonces muchas veces no encuentro la solución, la discuto con ella, ella la discute conmigo, y ahí está ya finalmente la conclusión.

 

SERGIO SARMIENTO: Francisco Martín Moreno, escritor mexicano, autor de “México ante dios”, gracias por estar con nosotros aquí en La Entrevista.

 

FRANCISCO MARTÍN MORENO: Gracias, Sergio, por permitirme hablar contigo y con tu audiencia.

 

SERGIO SARMIENTO: A usted, amigo televidente, que hace posible este programa, se lo agradezco también. Eso es todo por hoy, pero no se le olvide, nos vemos la próxima.

  

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